Over the rainbow

Lawrence Anthony was born in Johannesburg, South Africa, and was an environmentalist, explorer, scientist, and writer who dedicated his entire life to protecting animals and their environment.

He wrote three books, was the founder of the Earth Organization, and was a prominent member of the New York Explorers Club and the National Council of the Southern African Association for the Advancement of Science.

Lawrence Anthony demonstrated by the example of his existence how to learn to empathise with all other forms of life around us. His love, which crossed all kinds of boundaries, made him concerned about the welfare of all species. In 2003, during the invasion of Iraq, he dedicated himself to rescuing the creatures of the Baghdad Zoo (when the last thing that caught our attention would have been the caged animals). He helped in many other missions, such as preventing an entire herd of elephants from being slaughtered, as he has recounted in his bestseller The Elephant Whisperer: My Life with the Herd in the African Wild.

Our protagonist’s heart, which he had shared so much, stopped at the age of sixty-one. It was the day before the gala dinner to continue raising awareness about the importance of preventing the extinction of rhinos when he was about to launch his latest book, The Last Rhinos. My Battle to Save One of the World’s Greatest Creatures.

Although we tend to think that the love that we can feel towards other species is one of the characteristics that differentiates us from the animal world, there are many stories that give us the opportunity to discover that most of the other creatures with which we live are capable of sharing their most noble and sad feelings, such as grief and mourning.

It is precisely from grief and mourning that this story goes, from the grief and mourning of a herd of elephants. The day after the death of the human friend who had dedicated his life to saving theirs, the elephants decide to travel more than 20 kilometers, walking slowly for days, one after the other, in a solemn line until they surround the house of the deceased that they miss so much. 

The behavior of these 31 elephants, immobile and silent, without drinking or eating, without emitting any sound or moving for more than 48 hours, is the further demonstration that compassion crosses borders, flattens differences, brings species together, and reminds us that the love that the environment gives us back, at least on this planet, can dissolve our loneliness and accompany us even in the most transcendental moments of our existence.

Lawrence Anthony nació en Johannesburgo, en Sudáfrica, y fue un ecologista, un explorador, un científico y un escritor que dedicó toda su vida para proteger a los animales y su medio ambiente.

Escribió tres libros, fue el fundador de La organización de Tierra y miembro destacado del Club de Exploradores de Nueva York y del Consejo Nacional de la Asociación de África Del sur para el Adelanto de Ciencia.

Lawrence Anthony demostró con el ejemplo de su propia existencia como aprender a empatizar con todas las demás formas de vida que nos rodean. Su amor, que superaba todo tipo de fronteras, le hizo preocupar del bienestar de toda especie. Se dedicó a rescatar las criaturas del zoo de Bagdad cuando, en el 2003 durante la invasión en Irak, lo último que llamaba nuestra atención hubiesen sido los animales enjaulados, así como también ayudó, entre otras muchas misiones, a evitar que una entera manada de elefantes fuese sacrificada, como ha relatado en su best seller : The Elephant Whisperer: My Life with the Herd in the African Wild.

A nuestro protagonista se le paró el corazón, que tanto había compartido, a la edad de 61 años. Era el día antes de la Cena de Gala para seguir concienciando sobre la importancia de evitar la extinción de los rinocerontes y lanzar su último libro: The last rhinos. My Battle to Save One of the World’s Greatest Creatures.

Aunque solemos pensar, que el amor que podemos llegar a sentir hacia las otras especies, es una de las características que nos diferencia del mundo animal, hay muchas historias que nos brindan la oportunidad de descubrir que la mayoría de las demás criaturas con las que convivimos, son capaces de compartir sus sentimientos más nobles y tristes, como la pena y el duelo.

Justamente de pena y duelo va este relato, de la pena y el duelo de una manada de elefantes que el día siguiente a la muerte del amigo humano que había dedicado su vida para salvar las suyas, deciden recorrer más del 20 kilómetros, caminar lentamente durante días, uno detrás de otro, en una fila solemne hasta rodear la casa del difunto que tanto extrañaban. 

El comportamiento de estos 31 elefantes, inmóviles y en silencio, sin beber ni comer, sin emitir sonido alguno ni moverse durante más de 48 horas, es la ulterior demostración que la compasión traspasa fronteras, aplana las diferencias, acomuna las especies y nos recuerda que, el amor que nos devuelve el entorno, por lo menos en este planeta, puede disolver nuestra soledad y acompañarnos hasta en el momento más trascendental de nuestra existencia.

Luca Lancini